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El poder (negativo) de las quejas

Soy una firme defensora del derecho a la pataleta.

Considero que a veces es necesario dar un golpe en la mesa, cruzar fuertemente los brazos sobre el pecho y decir bien claro, con el ceño fruncido, que algo está mal, que nos molesta o nos cabrea.

Defiendo también el derecho a lamerse las heridas.

Cuando algo nos hace daño podemos acurrucarnos en un rincón y autocompadecernos durante un rato.

Del mismo modo defiendo que estos dos derechos son temporales. Tienen fecha de caducidad, a partir de la cual no deberíamos seguir usándolos para evitar los daños secundarios que nos pueden causar.

Está bien quejarse una vez, o incluso dos si el agravio es muy importante. Pasado ese tiempo inicial, continuar la queja puede provocar desastres.

¿Qué efectos perjudiciales tiene quejarse en exceso?

Varios estudios de neurología han demostrado que las quejas frecuentes alteran la comunicación entre nuestras neuronas.

Cada vez que pensamos algo, nuestras neuronas se comunican de una manera determinada y específica. Si ese pensamiento se repite varias veces, ese camino de comunicación se hace más fuerte. Éste es el motivo por el que conseguimos automatizar conductas (ahora ya no tienes que pensar cómo debes atarte los cordones de los zapatos porque cuando eras niño dedicaste mucho tiempo a pensar cómo hacer el nudo).

Los pensamientos negativos también generan esos puentes entre neuronas, y de la misma forma, cuantas más veces pensemos en negativo, más se consolidarán esos puentes. Dicho de otro modo, cuanto más te quejes, más pesimista serás.

¿Necesitas recordar que tú puedes decidir qué pensamientos “te pones hoy”? Echa un vistazo a este otro artículo: ¿Qué te vas a poner hoy?


Es difícil no vivir un día en el que no haya ocurrido algo que no nos gusta ¿verdad? Aunque también es difícil vivir un día en el que no pase absolutamente nada que sí nos guste, nos alivie, nos tranquilice o nos agrade.

Entonces ¿por qué las cosas malas o no tan buenas que han pasado las recordamos mejor e incluso parecen superar en número y gravedad a las buenas?

Has preparado la comida para seis amigos. Te has pasado toda la mañana correteando por la cocina entre sartenes y fuentes de horno. Cinco de ellos han rebañado sus platos mientras te cubrían de halagos por tu buena mano en la cocina. En cambio, uno de tus amigos ha comentado, como de pasada, que el pescado te quedó mejor la última vez que lo cocinaste. ¿Por qué recuerdas con más detalle y nitidez las palabras de este amigo insatisfecho que los halagos de los otros?

Porque tu atención no trata del mismo modo la información positiva que la negativa.

¿Qué es el sesgo de negatividad?

El sesgo de negatividad es precisamente esa tendencia que tiene nuestra mente a atender más las cosas que consideramos negativas, a darles mayor importancia y por tanto, a recordarlas mejor.

Ésa es la tendencia natural de nuestra mente. Actuar o pensar contra esta tendencia es nadar contra corriente.

Por eso, necesitamos práctica y entrenamiento para poder darnos cuenta de las cosas positivas y valorarlas como se merecen (y como merecemos). Cuando estabas aprendiendo a atarte los cordones posiblemente te parecía una tarea compleja, ahora lo haces sin pensar siquiera en los pasos a seguir. ¿Por qué? Porque practicaste cada día durante mucho tiempo –más o menos tiempo dependiendo de tu torpeza natural-.

Lo que te propongo es que hagas ese –pequeño-esfuerzo de llevar tu atención hacia cosas agradables. ¿Cómo? Te ofrezco cuatro maneras (hay muchas más)

  • Dile a alguien algo que te gusta de él o ella, felicítales por algo que han hecho, dales una palmadita en la espalda. Quizá hayas cocinado una receta que te pasó tu hermana y ésa es una buena excusa para decirle qué buena mano tiene ella con los arroces.
  • Cuando veas una serie o película, leas un libro o escuches una canción, busca un aspecto a destacar. Aunque la obra entera tal vez no te haya encantado, busca un pequeño detalle que valoras como positivo. Quizá la canción es cursi y repetitiva, pero los primeros acordes y la última estrofa te emocionan.
  • En distintos momentos del día hazte la pregunta “esto que estoy haciendo o que está ocurriendo ahora mismo ¿qué tiene de bueno para mí? ¿qué parte me gusta de esto?”
  • Agradece algo que tengas, algo que puedas hacer, algo que hayas vivido, algo que se te dé bien. ¿Por qué estás agradecido/a?

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